Los días de pandemia nos ofrecen nuevas oportunidades para redescubrir el territorio muleño. Nuestra pasión por las cuevas y por explorar lo inexplorado nos lleva a un abrigo que hacía tiempo que le habíamos echado el ojo.
Nos llevamos algo de material, una cuerda de 30 metros, un puño, los arneses y poco más.
Vámos sin esperanzas de encontrar nada, ya que normalmente nuestro objetivo se frustra al mismo llegar a nuestro destino, pero en esta ocasuón tuvimos más suerte.
Al llegar al abrigo visos en la pedrera restos de estalagtitas (buena señal) y nos dimos cuenta de que era más profundo y grande de lo esperado. entramos y vemos que al fondo hay unos cuantas formaciones de poco interés y lo que parece el fin de la cueva, sin embargo, nos metemos en el agujerto y vemos que por una pequeña abertura la cosa sigue. Atamos la cuerda a una columna y seguimos para abajo.
Finalmente descubrimos una sima de unos 35 metros de profundidad con multitud de formaciones y bastantes restos óseos al final de la cabidad.
Una pena que también vieramos algún que otro spit que nos hizo comprender que alguien ya había estado aquí. No nos importó, seguro que fué alguien con nuestra misma pasión y con el mismo espíritu aventurero.







