Hasta siempre David.

La vida golpea duro, y a nuestro Club ya le ha dado dos veces, hace demasiado poco que nos dejó nuestro compañero Felipe, al que nunca olvidaremos, y enterarme de una nueva pérdida tan cercana ha sido terrible.

Hoy nos ha dejado un gran amigo y ante todo una gran persona. David llegó a nuestro Club y rápidamente encontró su sitio aquí, pronto empezó a contagiarnos con su ilusión y su frescura, algo que necesitábamos. Enseguida quiso formar parte de esta familia y decidió coger responsabilidades, se ofreció para todo aquello que necesitáramos y nos dijo que se encargaba de hacer proyectos y solicitar las subvenciones a las que pudiéramos tener acceso, iba a todas las reuniones y a todas las actividades, y cuando digo a todas me refiero a todas. Un día antes de su dura pérdida, pregunté por nuestro grupo que quien podía a ir a unas rutas que vamos a organizar, que no hacía falta ir a todas, pero que aquel que pueda, que colabore en alguna; lo último que David escribió en nuestro grupo, y lo que demuestra su implicación y ganas fue que colaboraba en todas.

Sus ganas de aprender eran tremendas, y era un «padawan» (que es como suelo llamar a los que quieren aprender cosas en el Club) excepcional. Disfrutaba mucho aprendiendo y se veía reflejado en su cara. Cada vez que íbamos a una actividad, salía maravillado y no tardaba en buscarse todo el material necesario.

Esto me recuerda al viaje de pirineos de este verano. Al tercer o cuarto día David no se vino a hacer el Barranco de Larri porque tenía una dura aproximación y el cansancio ya hacía mella, además quería hacerla colada y otros menesteres, porque el ya llevaba dos semanas en Pirineos. Cuando volvimos del barranco David nos recibió con todo ordenado, comida y mucha cerveza fresca, pero lo que más gracia me hizo fue cuando me llevó a su furgoneta con una sonrisa de oreja a oreja… se había comprado las nuevas botas de barrancos!!! No pudo resistirse, no quería ir menos equipado que nadie, porque el barranquismo le flipaba.

Hacía muy poco que también se compró el material para espeleología, después de entrar a la Sima de la Higuera tenía claro que este iba a ser otro de sus grandes deportes. Hicimos un curso de técnicas de espeleología, y disfrutó como un niño, su cara lo decía todo. Subió por todas las cuerdas, hizo todos los cambios posibles, había practicado y sabía hacerlo, lo demostró en Sima Destapada poco tiempo después.

La mayoría ya conocíamos a David de antes, yo personalmente lo conozco desde pequeños, fuimos juntos a los scouts, y los que sois o habéis sido scouts, sabéis que las amistades que se forjan aquí, son para toda la vida. Ahí, Iván, David y yo (entre otros) establecimos una amistad que duraría para siempre llena de anécdotas, aventuras y desamores. Despues de un tiempo en el que nos distanciamos un poco, nos volvió a unir nuestra pasión por la montaña y la naturaleza.

De nuestra etapa en los scouts, tengo mil recuerdos, pero hay varios que son muy recurrentes. Nunca se me olvidará aquella vez que David e Iván crearon un soplete y casi le meten fuego al campamento. Me costó un gran chichón. También aquella vez en una acampada de Bullas en la que quemó uno de sus pedos con un mechero, y no sé si pensaba que su culo era de acero, pero no salió bien…

Otra cosa que siempre me viene a la mente cuando pienso en David es la extraña forma que tenía de sentarse, aún no me explico cómo  era capaz de aguantar más de 1 minuto sin que se le durmieran las piernas. Siempre que doy clases de higiene postural, cuando les digo a los niños como sentarse, me acuerdo de él, ahora con más razón.

Le han quedado muchas aventuras por vivir, nosotros las seguiremos realizando mientras podamos y llevaremos ese trozo de ti que dejaste en nosotros.

David, te vamos a echar mucho de menos.

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