La Matea siempre es una buena opción y siempre encontramos algo nuevo en ella. Su caos de bloques, pasillos y agujeros hacen que nunca vayas al mismo sitio. El día anunciaba lluvia, pero con una probabilidad bajísima, y como era de esperar, nos llovió cuando ya estábamos llegando, y no poco… bueno, entraremos mojados, que vamos a hacer.
Como hemos entrado tantas veces me doy cuenta de que a penas le hacemos caso a la gran columna que hay en la sala central y que decidimos explorar por otros lugares.
Vemos que algunos de los recorridos que habían balizados han sido destruidos y que como siempre vuelve a haber mierda por la cueva que vamos recogiendo. No nos importa recoger la mierda que otros dejan, pero creo que es algo que todos los espeleólogos debemos hacer.
Una magnífica mañana que terminamos en el bar!!




